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La crisis del whisky mundial golpea a las destilerías y obliga a frenar la producción

Tomas Salazar · 2026-10-19

Tras años de expansión, la industria del whisky enfrenta una cuenta pendiente con millones de litros en maduración, costos cada vez más altos y productores que ya no pueden sostener el ritmo de crecimiento.

La caída de la demanda, el aumento de los costos y el exceso de existencias están complicando a productores de distintos países. Jim Beam, Holyrood y GlenWyvis son algunos de los nombres afectados por un ajuste que también alcanza a las destilerías artesanales de Australia.

El mercado mundial del whisky atraviesa una etapa de dificultades. Después de años de crecimiento, varios productores están reduciendo su actividad, suspendiendo la destilación o recortando personal ante un escenario marcado por la menor demanda y la acumulación de whisky que todavía no encuentra compradores. La situación afecta tanto a grandes compañías como a destilerías independientes y pone en evidencia los riesgos de una industria que necesita años para elaborar sus productos.

Un informe publicado por ABC News el 18 de octubre de 2026 puso el foco en Tasmania, Australia, donde las destilerías artesanales sienten el impacto de esta tendencia global. Sin embargo, los problemas también se observan en Estados Unidos y Escocia, dos de los mercados más importantes para la industria.

La crisis del whisky mundial trae menos ventas y aumenta el whisky almacenado

Uno de los principales problemas es el desajuste entre la producción y el consumo. Durante los años de expansión, numerosas destilerías aumentaron su capacidad para responder al interés por los whiskies premium. Ahora, con consumidores más cuidadosos con sus gastos y una competencia cada vez mayor, parte de ese volumen permanece almacenado.

En Escocia, esta acumulación se conoce como whisky loch, una expresión que describe el excedente de whisky que permanece en barricas sin encontrar una salida comercial suficiente. El fenómeno está llevando a los productores a revisar sus planes de producción y a buscar formas de reducir costos.

La presión también alcanza a los productores artesanales, que suelen disponer de menos recursos para atravesar períodos prolongados de ventas débiles. La inflación, los gastos operativos y la competencia de bebidas importadas más económicas complican especialmente a quienes comercializan whiskies de precio elevado.

Jim Beam, Holyrood y GlenWyvis, entre los afectados

En Estados Unidos, Jim Beam anunció la suspensión de la producción en su principal destilería de Clermont, Kentucky, durante todo 2026. La pausa está vinculada a la revisión de los niveles de producción y a mejoras en las instalaciones. La compañía mantiene la destilación en otros establecimientos, por lo que la medida no supone el cese de toda la producción de la marca.

En Escocia, Holyrood Distillery anunció una pausa indefinida en sus operaciones de destilación, mientras que GlenWyvis, una destilería comunitaria de las Highlands, entró en administración en octubre. Ambos casos reflejan las dificultades que atraviesan algunos productores independientes en un mercado más exigente.

Tasmania ofrece otro ejemplo de las consecuencias del ajuste. McHenry Distillery, ubicada en Port Arthur, redujo su actividad y su plantilla. Su fundador, William McHenry, explicó a ABC News que la destilería pasó de producir whisky diariamente a destilar apenas un par de veces al mes.

El empresario atribuyó la caída de las ventas a una combinación de factores, entre ellos el aumento de los costos, la mayor competencia y la preferencia de algunos consumidores por productos importados más económicos.

El desafío de producir whisky a largo plazo

La crisis presenta una dificultad particular para los fabricantes de whisky: las decisiones de producción deben tomarse con años de anticipación. A diferencia de otras bebidas, el whisky necesita madurar en barricas antes de poder comercializarse, por lo que una reducción de la actividad actual puede limitar la disponibilidad futura.

McHenry señaló que su destilería necesita alrededor de diez años de maduración para sus whiskies. Por eso, aunque reducir la producción ayuda a controlar los gastos inmediatos, también implica el riesgo de no contar con suficiente stock si la demanda vuelve a crecer.

La situación, sin embargo, no afecta a todos los productores por igual. En Tasmania, Sullivans Cove continúa aumentando su producción y Waubs Harbour informó un crecimiento de ventas del 30% durante los últimos años, según el reporte de ABC News.

Estos casos muestran que, incluso en un mercado complicado, existen oportunidades para las destilerías que consiguen diferenciar sus productos y mantener el interés de sus consumidores.

El panorama plantea así un desafío para la industria mundial del whisky: ajustar la producción a una demanda más incierta sin comprometer la capacidad de responder cuando el mercado vuelva a expandirse.